
miércoles, 28 de enero de 2026
Hay una diferencia abismal entre hacerse rico rápido y construir riqueza. Lo primero suele terminar mal, aunque puede ser de mucha adrenalina y emociones de todo tipo; lo segundo es lo que funciona en el largo plazo, y requiere disciplina.
Muchos creen que para tener éxito financiero hay que encontrar la próxima acción que explote. Para eso hay que estar todo el día pegado a los gráficos y leyendo sobre mercados y tendencias, estar en encuentros de inversores y dedicar gran parte de tu energía y tiempo a eso. Sí, ese es uno de los caminos. Uno que lleva muchísimo tiempo, y que no implica solo saber, sino dar el paso en el momento justo, enterarte antes, hacer una apuesta grande y “pegarla”. Esa opción es la que da grandes anécdotas para la sobremesa. Pero hay algo importante a saber: No es el único camino, y tampoco asegura nada. Hay otra opción que es mucho más simple y aburrida: se trata de acumular activos productivos a lo largo del tiempo. Algo nada glamoroso, pero sí, más seguro y sostenido.
1. La base de la pirámide: El mercado de valores (ETFs)
Para la gran mayoría, el mejor vehículo de inversión sigue siendo la bolsa, específicamente los Fondos Indexados (ETFs). ¿Por qué? Porque en lugar de buscar la aguja en el pajar (elegir una empresa ganadora), comprás el pajar entero. Al invertir en un ETF global o del S&P 500, estás apostando al crecimiento de la economía mundial.
• En los últimos 30 años, y teniendo en cuenta la inflación, esto rinde cerca de un 7.6% anual en dólares.
• Es pasivo: no tenés que hacer nada.
• Evitás el riesgo de que una sola empresa quiebre y te arruine.
2. El principal problema de la diversificación histórica
Ahora bien, un portafolio sano no puede vivir solo de acciones. Necesita estabilidad. Históricamente, esa estabilidad la daba el Real Estate (los negocios inmobiliarios) con su promedio del 5% de retorno anual. Y acá siempre hubo un pero gigante. El real estate tenía una barrera de entrada excluyente. Para invertir en ladrillos se necesitaba:
• Capitales enormes.
• Lidiar con trámites, escrituras y burocracia.
• Tiempo para gestionar alquileres y mantenimiento.
Esto dejaba al pequeño y mediano inversor con una sola opción: quedarse 100% en la bolsa o en los últimos años, arriesgarse en activos volátiles como cripto, simplemente porque no les alcanzaba para comprar un departamento y ponerlo en alquiler.
3. El cambio de paradigma: La Tokenización
Acá es donde las reglas del juego cambiaron. La tecnología eliminó la vieja barrera de entrada. Hoy, gracias a la Tokenización de inmuebles, es posible acceder al mercado inmobiliario con la misma facilidad con la que se compra un ETF. Ya no hace falta comprar el edificio entero, ni siquiera un departamento. Ahora es posible ser dueño de "pedacitos" (tokens) de propiedades reales, recibiendo la renta proporcional y capturando la revalorización del metro cuadrado. ¿Qué significa esto para un portafolio? Que ahora se puede tener una combinación más estable y de ganancias más altas a mediano y largo plazo:
Crecimiento: con tus ETFs y el interés compuesto clásico.
Crecimiento, estabilidad y renta: Con real estate, pero sin necesitar 100.000 dólares para empezar. Además, la rentabilidad de la tokenización con Raíz está por encima del porcentaje de ganancia tradicional que es del 5% anual. Los rendimientos anuales de los proyectos activos en 2026 en la plataforma de Raíz se sitúan entre el 7.8% y el 13%, superior también al promedio histórico del S&P 500, y con la seguridad del ladrillo.
Invertir bien es aburrido, sí. No hay sobresaltos, no hay grandes subidones, pero tampoco bajas. Invertir con seguridad y a largo plazo es un proceso de paciencia y constancia. El momento perfecto para invertir, porque no existe. El tiempo en el mercado siempre le gana al timing del mercado.
¿Y vos? ¿Seguís 100% en acciones y cripto o ya empezaste a diversificar en ladrillos? Tocá acá ahora para conocer los proyectos activos en Raíz que te van a hacer crecer con seguridad.